En Irán

Fecha del viaje: Octubre 2008.
Extracto de Mi Diario de Viajes:
Desayunamos sobre las siete y media en el Akhavan Hotel. A las ocho en punto ya se encontraba nuestro guía Iraj en la recepción del hotel para salir hacia Meymand. Son 200 kilómetros los que recorreremos, a unas tres horas de Kerman. Con el coche pasamos por campos de pistachos cerca de la ciudad de Raftafan, lugar donde nació uno de los últimos presidentes del país, Akbar Hashemi Rafsanjani. Irán es uno de los mayores productores de pistacho en el mundo y el primer exportador. También vemos varias fábricas con minas de oro y cobre.
Antes de llegar a Meymand hemos realizado una pequeña parada para hacer un pequeño picnic, algo muy frecuente en los iranís cuando viajan, que llevan cargados en el maletero del coche el termo con te, pastas caseras y el nargileh, la pipa de agua para hacer un alto en el camino. Iraj extiende la manta en el suelo y nos invita a te y pastas. Yo llevaba mis pastelillos de dátiles que compré ayer en el Bazar. También Iraj saca bocadillos que ha preparado su mujer pero como ya hemos desayunado los dejaremos para la tarde, a la vuelta. Si a los españoles les gusta comer, los iranís no se quedan atrás...
Nada más llegar, apreciamos el paisaje que a pesar de abrupto no deja de ser sorprendente. La población de Meymand se encuentra a unos 2300 mts de altitud a 100 km adentrado en el desierto. Posee unas 406 casas-cuevas con 2560 habitaciones en total. En el invierno puede llegar a haber unas 30 familias de 5 o 6 miembros cada una así que en total hay unos 200 habitantes en todo el pueblo. Pero en el verano, con el sofocante calor la mayoria de familias bajan las montañas para dar pasto a las ovejas. Algunas familias también utilizan estas casas como segundas residencias pero otras, sobre todo gente mayor vive en el pueblo durante todo el año. La gente joven ha marchado a las ciudades a vivir. Es posible que en unos cincuenta años o quizás antes este pueblo quede deshabitado. En las entradas de algunas de las casas cuelgan una especie de amuleto para prevenir los malos augurios.
Primero entramos en la mezquita que separa con una manta la zona de hombres y por detrás queda un espacio reducido (cómo no) para las mujeres.También hay unos antiguos baños públicos, un pequeño restaurante tipico de los picapiedra y un museo local donde podemos apreciar los utensilos rudimentarios de labranza, confección de alfombras y cestos que son elaborados con ramas de árboles.