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En Irán

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Para no STANcarse (22-06-2008)

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 La última mañana en Teherán la pasé en un taxi tratando de encontrar la Embajada de Uzbekistán. Fueron dos horas a la búsqueda de un edificio, escondido en una calle sin salida, que terminaron con final exitoso. Mi primera visa de un Stan. Para aclarar la curiosidad de Cristina que pregunta en el foro, diré que los Stan son cinco países de la antigua Unión Soviética que se hallan en Asia Central. Por el orden que debo recorrerlos son: Turkmenistán, Uzbekistán, Tajikistan, Kiryiguistan y Kazahastan.

Para obtener la visa, además de saber callejear por Tehran, hay que precisar con exactitud el día que uno quiere entrar en esos países. Así que por primera vez en muchos años, mi vida tiene ahora un calendario al que debo ajustar mis pedaladas. Un error de cálculo puede hacer que me quede eSTANcado. Si China no abre sus fronteras a solitarios viajeros deberé retroceder o darme una vuelta por Rusia, Pero parece que tras el negocio de las olimpiadas, China volverá a conceder visados hacia octubre. En ese momento mi bicicleta girará hacia al sur para enfilar hacia el Tibet, Nepal y la India. Más o menos en diciembre llegaré al gigante indio.

Sin mucho que poder hacer en Tehran me he escapado a Isfahan. En el sur de Irán, esta ciudad enclavada en la ruta de la Seda, cuenta con una de las plazas más bonitas del mundo. Medio kilómetro de larga, que da entrada a la Jame Mosque. La mezquita más grande y misteriosa del mundo islámico. Pero no es la única. Isfahan posee varias mezquitas rematadas con cúpulas celulíticas y cubiertas de hermosos mosaicos con inscripciones en farsi: una escritura que en si misma es una pintura. Al anochecer las familias invaden el césped de la plaza con sus hornillos de gas, sus mantas, sus dulces y sus helados, para darse a la conversación. Helados de vainilla con azafrán o el Faludeh, una especie de granizado de limón con fideos. La luna asoma por una esquina de la plaza y se sienta al banquete de aromas. La luna es la única dama que muestra toda su figura en Irán. Aunque hay pretensiones del gobierno iraní para cubrir su hermoso cuerpo con un chador.

En Isfahan me reencontré de nuevo con Daisuke, el japonés que lleva diez años recorriendo el planeta en su caballo de acero y sobre el que escribí un artículo en Bike a Fondo. Ver artículo
También volvía a ver a Salva, un granadino con el que recorreré muchos kilómetros de la ruta de la seda.

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