El mayor encanto de Damasco es su “parte vieja”, dividida en barrio árabe, cristiano y judío, y circundado por una muralla romana. En la parte árabe se encuentra el principal bazar o zoco, que está cubierto en su parte central y con numerosos agujeros en su tejabana, recuerdo de las balas de la aviación francesa allá por 1924, creo. Pero más allá del zoco, callejear por sus estrechas calles y tomar un té o comer en una de sus antiguas casas es una auténtica delicia, de estilo netamente mediterráneo, con patios con fuentes y árboles frutales, protegidos del fuerte sol por una lona que lo cubre.