Se trata de un caravanserai singular, por el hecho de ser uno de los dos circulares que se construyó, y el único que se conserva. Hace unos años se restauró y reconvirtió en hotel, conservando la esencia del alojamiento humilde con las innovaciones mínimas necesarias. Se encuentra en mitad del desierto, y tiene verdadero encanto. Por otro lado, a pesar de la impecable restauración y del buen servicio, hay que señalar como “pero” la cercanía de la autopista, a apenas 300 metros del caravenserai, que rompe el hechizo del lugar.