No se escucha una voz más alta que otra, ni nadie osa romper cualquiera de las reglas no escritas que rigen los destinos del mítico hotel Savoy que ha sobrevivido impávido los bombardeos alemanes, las huelgas salvajes de los años cincuenta y que ha tenido entre sus clientes a Monet que desde una de las ventanas de un piso superior, pintó sus famosas vistas del Puente de Waterloo, bajo la eterna mirada de la torre de Westminster.