Callejear por La Alfama y tomarse un cafezinho en alguna de sus tascas es redescubrir Lisboa a cada paso. Muy cerca se encuentra el castillo y mirador de San Jorge, una de las mejores vistas de la ciudad.
Descubrir Lisboa es como beberse esee vino que ha sabido envejecer, que es único e irrepetible y que difílmente se repita. Caminando por la Alfama, perdiendonos por el barrio, descubrimos un pequeño local que servía comidas. Un local de unos 10 metreo de largo por 5 de ancho donde comimos un arroz caldoso que para mi sigue siendo el mejor de mi vida.