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He de decir que me decepcionó ver, como decenas de turistas octogenarios, reprendidos por sus mujeres al desviar las miradas en los escaparates, eran paseados por las callejuelas del barrio rojo, como si el "material" expuesto no contase de vida propia.
Es un poco macabro el concepto turístico de la zona, que no deja de ser el lugar donde se ejerce el oficio más antiguo del mundo y del que seguro muchas de las profesionales que allí se encuentran, no están en absoluto orgullosas.
A pesar de eso, supongo que no puedes ir a Amsterdam y pasar de largo por este barrio.
Lugar que puebla el imaginario de muchos, sus prostituas con ligeros sexys en las ventanas y sus coffee shops que huelen hierba. Hay que verlo y experimentarlo en carne propia.