Llegamos a Helsinki con muchas ganas de fiesta y para variar no teníamos ni idea de que se celebrase este festival. Después de varios años recorriendo en tren los países del norte una aprende que en verano salen festivales de debajo de las piedras. Fueron cuatro días en los que se podría decir que vivimos (y dormimos) en la calle junto al resto de artistas y funambulitas del festival.