Copenhague no necesita de festivales para hacerle una visita, pero durante el festival de jazz de verano la ciudad se mueve a un ritmo jazzistico y es todavía si cabe más interesante que en una época normal. Nosotros nos quedamos más de lo previsto embrujados por su hechizo, aunque supongo que ayudo el hecho de que teníamos la casa de un amigo de Nerea y podíamos dormir gratis y hacernos la comida.