El durbar es el “complejo del palacio real”, que ha sido residencia de la familia real desde el 1600 hasta el 1900 y que cuenta con más de 50 palacios, varios templos y museos. Es el corazón de la ciudad antigua, repleto de construcciones newares donde predomina la madera minuciosamente tallada y decorada en ventanas, balcones y paneles de madera.
A los habitantes de Katmandú les encanta pasear, relajarse y charlas a la sombra de estos templos y pasear por ellos es volverte loco haciendo fotos. Una pena que no cierren el tráfico a los vehículos, que resta valor a esta maravilla.
Y por fin, el corazón del valle: Kathmandu. Una ciudad sorprendente que se asemeja a una grandiosa y sofisticada escultura que ha permanecido intacta desde la Edad Media. Es un mosaico de sensaciones que nos traslada a otra época; sus pintorescas imágenes, sus singulares sonidos, los callejones con balcones de madera tallada, los animados mercados con apetecibles frutas y verduras y un constante fluir de muchedumbre nos mantiene hipnotizados.