no es en si un palacio, pero que se ha convertido en símbolo de la ciudad por su construcción en piedra arenosa rosa y su curioso labrado. Se trata en realidad de una fachada vistosa donde las aburridas mujeres de los maharajáes miraban el bullicio de la calle por unas rendijas que a su vez impedían que estas fuesen vistas por el pueblo llano.