La forma más sencilla de huir de la turistizada Lijiang y sumergirse en su realidad es acudir a este mercado de abastos donde la población compra los alimentos diariamente. Al más puro estilo chino los puestos se desparraman por el suelo sin orden ni concierto. La damas acuden a el con sus cestos a la espalda y sus niños al pecho. Se encuentras al sur de la ciudad vieja y en el camino aún en el 2006 era posible ver los trabajos de rehabilitación de las casas tradicionales tras el último terremoto de 1996.