El Balankanché es una intrincada sucesión de cuevas que se unen y que atraviesan el subsuelo del bosque del Yucatán. Estas cuevas eran sagradas para la civilización Maya y todavía se puede ver en una de ellas un santuario casi en el mismo estado de conservación que en la época Maya. El final de la visita fue lo que más me impresionó, pero no desvelaré el secreto para los que vayan por primera vez.
Aunque ha sufrido un desarrollo turístico importante, sigue siendo un buen destino para los amantes del submarinismo y especialmente para apasionados de esta especialidad en cuevas. No hay que perderse la bahía de Media Luna, una de las más afamadas.
Aunque no es mi estilo hay que reconocer que los más de 20 kilómetros de arena fina y blanca son algo para mencionar.
Desarrollado al amparo del boon turístico, es recomendable darse una vuelta, comer en alguno de los restaurantes baratos con platos típicos mexicanos y llevarse esa placentera sensación cuando uno está de vacaciones.