Está dedicado a Sobek, el Dios cocodrilo y a veces se le conoce con el nombre de Templo de Sobek y Haroeris. La nota curiosa es que al estar dedicado a dos dioses posee la estructura de templo egipcio duplicada: dos entradas, dos salas hipóstilas y dos templos. Aparte de sus magníficos jeroglíficos tallados por doquier, que se pueden encontrar en otros muchos templos egipcios, lo que más llamó mi atención fue que conserva restos de las pinturas originales con las que se decoraban los jeroglíficos, difíciles de ver en otro lugar, a no ser que sea en las tumbas del Valle de los Reyes.
El patio de columnas del Templo de Isis en la Isla de Philae, merece mención aparte por la exquisitez de sus capiteles, todos ellos diferentes, todos maravillosamente trabajados, aquí una flor de papiro, allá una hoja de palmera, aquí un nenúfar y allá más y más motivos vegetales. Impresionante.
El Templo dedicado a la Diosa Isis y a su hijo Horus data del año 250 a.C. y mantuvo el culto hasta el S. VI. Es el principal templo de la Isla de Philae y las marcas oscuras que pueden observarse en sus paredes, son a causa de sufrir serias inundaciones. Fue necesario trasladar la isla en su totalidad al nuevo emplazamiento, para salvar este magnífico Patrimonio de la Humanidad.
También conocida como Isla de Filé, se trasladó a su emplazamiento actual, cuando se construyó la Presa de Asuán. Esta isla era un centro de peregrinación muy importante y hoy en día conserva un fabuloso complejo de templos a cual más bello y de imprescindible visita.
Por si sólo, este edificio, ya vale una visita al Templo de Kalabsha. Este magnífico quiosco con cuatro capiteles decorados con emparrados de uvas y flores de loto conserva también dos hermosos capiteles con la cabeza de Hathor. Las vistas azules al Lago Nasser en combinación con el color dorado de la arena del desierto, ofrece una vez más, hermosas vistas panorámicas. Uno acaba enamorándose de este país.