Es el cuarto templo construido por Ramsés II, es fascinante. Me encantó, primero por su ubicación, rodeado de un mar de arena dorada, segundo por su pequeña avenida de esfinges. En la fachada un Ramsés guerrero junto al dios Amón Ra, Hathor y Khum. Se conserva también la Sala hipóstila con esculturas. Alrededor del templo, descansa una estatua de un guerrero semienterrada por la arena, uno se siente con ánimo de arqueólogo cuando la ve. Seguramente os ofrecerán subir en camello, aprovechad, hay pocos turistas por aquí y será una divertida forma de llegar al siguiente templo. Recomiendo la visita, es una de las mejores en el Lago Nasser.