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Fundador - Viajero habitual
La Ciudad Prohibida, a pesar de todo lo que se ha visto y oído, resulta impresionante. Es difícil describir su grandiosidad: más que belleza, el Palacio Imperial destila personalidad y magnificencia. Y allí descubro también una de las grandes pasiones de los chinos: hacerse fotos unos a otros, buscando a ser posible los lugares más recónditos e inaccesibles.
El impresionante Jardín de Verano, situado a orillas de un lago, servía de refugio a la corte imperial durante los meses de más calor, y a tal fin su majestuosidad no desmerece respecto a otras residencias oficiales
De cualquier manera, un tranquilo paseo por las angostas calles del barrio antiguo o transitar durante más de una hora por el excelso jardín de Yu Yuan (donde la armonía entre naturaleza y arquitectura alcanza la perfección) compensan cualquier desabrimiento.
La calle más famosa de Shanghai tiene varios nombres. Oficialmente se llama Zhongsham , los chinos la conocen como Waitan y para todos los demás es sencillamente el Bund que en lengua hindú significa el Malecón. A un lado destacan 52 magníficos edificios construidos por los británicos en los años veinte que podrían parecer un museo de la mejor arquitectura de su tiempo
La imagen que ofrece el fuerte desde afuera es impresionante, pero una vez dentro decepciona un poco. Merece destacarse la Sala de las Audiencias Públicas y, sobre todo, la de las Audiencias Privadas, que en sus tiempos de mayor esplendor acogió el Trono del Pavos Reales, por lo que cuentan profusamente adornado con piedras preciosas.