Este festival lo conocí en un viaje de cuatro días, durmiendo en un hotel respetable y comiendo de restaurante. Nada que ver con la obsesión festivalera de los viajes de Interrail donde no teníamos ni un duro y quien se acordaba comer. A Praga fui con mi recién estrenada novia alicantina y todo fue muy comedido. La verdad que la ciudad y el festival son muy acordes para ir en ese plan.