Levantarse a las 5 de la mañana, cuando aún es de noche, para ver la larga hilera silenciosa de monjes que recorre todo Bago con su plato, es sobrecogedor. Y cómo les quieren las gentes, les dan comida y vuelven tranquilamente a sus casas, es también digno de ver. Y es que casi todos los niños son monjes alguna vez, pues así la familia les garantiza una educación y sustento.