Una de las primeras imágenes que se impactan a la mayoría de los turistas es la visión de la mezquita Koutobia. El minarete de un tono rojizo se funde con el paisaje dando la sensación de estar contemplando una litografía. Al atardecer el Sol y la Mezquita juegan al escondite en un preámbulo que cada día tiene el mismo final. Si no sois musulmanes la visita al interior no está autorizada, aunque hay maneras de conseguir verla.
Las madrazas son las escuelas coránicas y constituyen un pilar básico en la educación de las culturas islámicas. La de Ali Ben Youssef se construyó en 1565 y es uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad además de ser una de las madrazas más importantes de todo el Magreb. Todo el complejo es una preciosa muestra del arte islámico.
Una muestra impresionante de arte islámico que además es la única de la ciudad que puede ser visitada por no musulmanes.
El acceso a las tumbas se hace a través de sendo mausoleos de tumbas decoradas a base de mosaicos. El acceso no está exento de cierto misticismo y espíritu aventurero ya que hasta 1917 estás tumbas no estaban abiertas al público.
Situada en la medina esta madraza o escuela coránica es un de los lugares sagrados que más llamaron mi atención.