El barrio de Asakuso es un lugar popular donde perderse por sus estrechas callejuelas y acabar comprando algún recuerdo. Fuimos al templo al final de la mañana y realmente mereció la pena.
Un lugar de los más sagrados de la ciudad donde se pueden ver muchos fieles sintoístas. La capilla fue destruida durante la guerra y reconstruida en años posteriores.
Está claro! Tenemos que volver! nos faltó más tiempo en la ciudad y tuvimos que hacer una visita fugaz al Palacio Imperial, en la estación de Otemachi, el recinto está protegido por un foso, todo el conjunto es de una gran belleza. Tampoco pudimos disfrutar de los recorridos por parques como el de Ueno, Kitanomaru.
Nuestra intención era visitarlo pero sólo allí nos enteramos de que abre dos veces al año! Al menos pudimos ver algo desde fuera…
Asombroso es también la “Tokio Tower” que es una imitación de la torre Eiffel pero mas moderna y mas alta, con impresionantes vistas de las distintas zonas de Tokio. Uno no se puede perder la espectacular vista que hay desde la ciudad interna de Tokio, Kawasaki, y su puente, el mas largo del mundo. Con una plaza parecida al picadilly circus de Londres.
El primer impacto del Tokio más tradicional lo tuve en la visita al templo Senso-ji donde coincidí con una multitud de fieles y pude contemplar uno de los momentos más sagrados de la ciudad. Me impactó ver a la gente quemando incienso y la estatua del Buda Nadi. Después callejeé y me perdí por las tiendas de artesanía que había por los alrededores.