El primer impacto del Tokio más tradicional lo tuve en la visita al templo Senso-ji donde coincidí con una multitud de fieles y pude contemplar uno de los momentos más sagrados de la ciudad. Me impactó ver a la gente quemando incienso y la estatua del Buda Nadi. Después callejeé y me perdí por las tiendas de artesanía que había por los alrededores.
Julio y agosto son los meses de la temporada oficial de ascenso al Monte Fuji o sea que no me quiero ni imaginar la cantidad de gente que se debe juntar. Nosotros fuimos en octubre y ya estaba lleno. Espectacular, más de 3.700 metros para llegar a uno de los iconos del país del sol naciente. Imprescindible.
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el Castillo Nijo bien merece una visita si nos encontramos en Kyoto. La puerta Karamon, el palacio Ninomaru, los pasillos de madera que emulan el canto de un ruisenyor y sus jardines son una verdadera preciosidad.