La ciudad de Nimes en el sur de Francia es la que más ha guardado la afición al toreo y en esta ferie presume orgullosa su singularidad del resto de la gran Francia. La feria suele llevar primeras figuras del toreo y si te gusta ese ambientillo es una gran ocasión para conocer la ciudad y la zona.
Invitados por unos viejos conocidos asturianos y compañeros de fatigas, nos fuimos a este festival que reúne a lo mejor de las culturas celtas. La comida una pasada, pude probar cosas deliciosas. Fue realmente refrescante el cambiar el chip y darnos cuenta de la herencia de zona Atlántica europea.
La Rochelle es un paraje evocador que recordaba a muchas películas francesas, de esas que habían pasado por el estudio sin pena ni gloria, pero que nos habían entretenido tanto. Ese aire atlántico que algunos deprime y que a otros rejuvenece nos hizo pasar tres días digamos que diferentes.
A menudo olvidada por las grandes ciudades de Francia, Clermont Ferrand se abre un hueco en la escena mundial a través de su festival de cortos. Existen numerosos pueblos donde disfrutar de la excelente gastronomía y donde apreciar el lento paso del tiempo.
Todo el glamour y el lujo de la rivera francesa se plasman en este espejo de los héroes de la pantalla que saltan a la alfombra roja para deleite de sus fans. Es un acontecimiento para ver, pero mi recomendación es irse algún pueblo cercano, alojarse allí y pasarse algún día para asistir al festival. Cannes está imposible en esas fechas.