Miami era la ciudad que me faltaba por conocer de las que realmente me interesaban de los Estados Unidos. Y por eso acepte el encargo aunque las condiciones no eran las mejoras (que tampoco era una novedad). Más que en el festival en si al que fui un día y medio lo que hice fue perderme por la pequeña Habana con mi antiguo compañero de fatigas Julian, ahora exiliado cubano en Miami. Eso si que fue un festival pero os ahorraré los detalles.
Magnifica ocasión para dejarse caer por la aburguesada ciudad que no solo es conocida por su bar más mítico, Cheers.
Realmente Nueva York no necesita de la excusa para un festival para ser visitada, pero en mi caso fue la primera vez y por el momento única vez en la que he estado. Una semana en la que dormíamos de media unas 4 horas. Sesiones de festival, entrevistas, cenas que se alargaban hasta muy tarde y una descarga de adrenalina continua.