Sí es muy turístico, pero todo viajero sabe extraer la esencia de un lugar e imaginárselo sin las tiendas de recuerdos y el grupo de japoneses haciendo fotos. Con esto, decir que vale la pena escaparse por este barrio, recorrer sus calles empinadas y sus plazas llenas de árboles y si además el bolsillo lo permite comer o cenar en uno de sus restaurantes, tan y tan parisinos.
Aunque es el típico lugar turístico, el ambiente es de lo más peculiar. Me gusta sobretodo los edificios que rodean la plaza y el ambiente que se crea como si de un pequeño oasis de verdor se tratara. Es un rincón poco usual en una gran ciudad.