Otra de las joyas de la corona nipona en cuanto a arquitectura religiosa. Hay una estatua de bronce de Buda que se supone la más grande del mundo. Y esto es sólo el principio si visitáis Nara. Es una ciudad que tiene un carácter y una belleza que no me esperaba.
Uno de los espectáculos más bonitos a los que tuve la suerte de asistir en mi estancia en Japón. Miles de linternas y farolillos que iluminan la ciudad y crean un ambiente único.
Fieles y devotos portan antorchas y al mismo tiempo van haciendo círculos con el fuego. Se supone que las cenizas provenientes del fuego tiene poderes mágicos que actúan contra el mal.