Lo que más me gustó de este monumento es su iluminación nocturna, compite con la de la Puerta de Alcalá. No es necesario acercarse a ella expresamente, pero si uno coincide está bien.
Llegué a la Plaza Cibeles. Estaba helada. Una capa de hielo cristalino la cubría. Se veía genial. Sus leones parecían tener colmillos, pero era el agua que intentó caer y no pudo contra el frío. 5º marcaba el termómetro de la parada del bus junto a ella.
Un barrio castizo de toda la vida en el que la escena gay ha tomado el timón desde hace años. Pensiones a buen precio, sitios de tapas y cafeterías de las de antes conviven con los nuevos restaurantes de diseño y las buhardillas a precio de oro, atrayendo cada vez más a una audiencia internacional.