Imprescindible en una visita a Madrid. Hay que escaparse algún fin de año y comerse aquí las uvas de la buena suerte. No creo que exista nada más madrileño.
Me impresionó por la cantidad de obras de arte que encierra este convento, además lo encontré muy auténtico.
Para mi es el edificio más bello de la Plaza Mayor, aunque los de alrededor no defrauden en absoluto.
Las torres de este edificio me chiflan, se ven tan castizas. La veleta es una maravilla y los tejados de pizarra negra, me encanta.
Lugar con siglos de historia de fastuosa fachada. La iluminación nocturna es estupenda, uno puede imaginar que vive en el siglo XVII. Es de visita imprescindible.