Merece la pena meterse en un cine del país para experimentar el acontecimiento social que supone ir al cine. Se trata de un acto social donde las familias, cuadrillas y parejas se reúnen más para hablar que para ver la película. Cualquier sala es buena, en concreto la de Pyin Oo Lwin es una vetusta sala de la época colonial donde sólo se ha habilitado el gallinero. 25 pesetas por un dramón irmano donde tres generaciones sufrieron desamores ;-)