Si vamos a cenar fuera hay que tener en cuenta que a partir de las 22,00 casi ningún sitio tiene su cocina abierta. Lo mejor es ir sobre las 20,30 para asegurarnos.
Y si de paseos se trata, nada como un recorrido al Parque da Estrela, en el eléctrico 28 que va al Cementerio Os Prazeres. Tómese todo el tiempo del mundo para descubrir cada recoveco de este hermoso parque un pulmón verde en pleno corazón lisboeta.
Para aprovechar mejor el tiempo me matriculé en un curso de “Lingua y Cultura Portuguesas para Extranjeiros” (con un valor de 350 euros). Las clases duraron todo el mes de agosto de 14 a 18 horas. Así mientras otros caminaban a la playa yo iba a las clases en la Sociedade da Lingua Portuguesa, cerca de la Plaza Marques de Pombal.
La nostalgia y ese sentimiento tan portugués que es la saudade, difícil de traducir a otros idiomas, son algo que impregna el aroma de Lisboa y que esta presente en mucho aspectos de la vida cotidiana. La Tasco do Chico, en el corazón del barrio alto, ofrece conciertos varios días por semana. Una opción muy recomendable si no se quiere acabar en el típico restaurante turístico con fado incluido.
El renovado paseo con cafeterías y restaurantes a la última es lugar idóneo para dejarse seducir por la brisa que viene del Tajo. Sentarse a tomar algo y simplemente disfrutar de la desembocadura del río Tajo es todo un placer. Me recuerda a Estambul, esa misma sensación de bálsamo reparador que tenía cuando vivía en el Cuerno de Oro en la antigua Constantinopla.
Las playas de la costa de la Caparica están muy cerca y son una formidable opción para sofocar el calor del verano. Si vais en vehículo propio tener en cuenta que los atascos en el puente 25 de abril son habituales.