La capital de las Highlands, es una ciudad bulliciosa. Sus calles llenas de gente, sus edificios, sus puentes sobre el rio Ness, sus pubs, restaurantes, y sus tiendas abiertas hasta la medianoche, hacen de esta ciudad un punto y aparte, no negativo, en la visita a Escocia. Lo mejor es intentar perderse por sus calles, y descubrir rincones que no esten abarrotados de gente. y si eso no es posible, siempre se puede entrar en uno de los muchos pubs que hay, y tomarse un whisky, mientras s se escucha un improvisado concierto de musicos locales.
Aun sabiendo que todo o gran parte de lo que rodea al Lago Ness, es mentira, el lago tiene un aire de misterio dificil de explicar. Navegar por sus aguas, en cualquiera de los muchos barcos que lo surjan, es una sensación indescriptible. No esperemos encontrar criaturas fantasiosas, pero si que descubriremos un paisaje idilico, testigo de varias peliculas y leyendas. Imprescindible.
El más fotografiado de todos los castillos escoceses, el más famoso, que sirvió de decorado en la pelicula Los Inmortales... Hay que observar el castillo desde diferentes angulos en el exterior...y una vez dentro, dejarse contagiar de la decoracion de unas salas que te trasladan a siglos anteriores. Precioso. Por unos momentos se tiene la sensación de estar dentro de una pelicula. Su privilegiado emplazamiento en el cruze de 3 rios, le da aun más espectacularidad al lugar.
En la entrada de estas ruinas, un cartel advierte de que en el lugar se aparecen fantasmas. Si se tiene la "suerte" de estar en la ruinas practicamente solo, y se lee la historia del castillo y de su "fantasma", os aseguro que un escalofrio os recorrera el cuerpo. El lugar tiene "algo"...pero eso es tan solo cuestion de sensaciones. No olvideis visitarlo; ademas es gratis...y el lago alrededor del castillo, proporciona mucho juego...
Tras cruzar un espectacular puente, se llega a esta joya de población. El puerto de Portree, lleno de coloridas casas, su insuperable "fish&chips en el muelle, las gaviotas que revolotean acechando sobre la comida, y la particularidad del pueblo, enclavado entre dos pequeños montes, hacen de esta visita como una de las imprescindibles por toda la geografia escocesa.