Pintoresco pueblo rodeado de huertos de limoneros y palmeras, está ubicado en una montaña frente al mar, lo que para mi lo hace encantador. Tiene un buen clima y da la sensación de ver un pequeño pueblo de pesebre. Lo considero ideal para pasear mientras uno disfruta que está de vacaciones.
No es la playa más paradisíaca que uno pueda desear pero el entorno del paisaje y las aguas cristalinas bien merecen el esfuerzo de los 2 Km. de curvas que hay hasta aquí. Un pequeño rincón de casas de pescadores de piedra y unas barcas a la espera de hacerse a la mar. Me encantó, uno de aquellos sitios en los que a uno le gustaría tener una casa para descansar, si le sobrara el dinero, claro.
Son Marroig es una antigua masía que conserva mobiliario y decoración de la época. Me gustaron los jardines y un pequeño templete sobre un pequeño acantilado del que se obtiene unas vistas increíbles de la costa. Una delicia para la vista y el espíritu.
Me gustó mucho el entorno del paisaje y los pocos restos que se conservan de un bello claustro y de la planta de una basílica. Lo que ayuda a entender aquello de "planta de cruz griega", aquí queda del todo explicado. La entrada cuesta 3 €, lo que encontré excesivo.