En las tierras de leyenda del Peloponeso griego se celebra esta festival donde se representan obras clásicas en el gran teatro de Epidauro, que ya por si mismo merece ser visitado. Hay muchos pueblos cercanos a Epidauro donde quedarse, uno que recomiendo es Naflio.
Sólo se conservan siete columnas del templo original fechado en el siglo VI a.C. pero ya sea por la ubicación o por lo que un día fue, el Templo de Apolo es exquisito, me encanta.
A pesar de que es un pequeño museo de recinto arqueológico, este museo conserva magníficas piezas como por ejemplo: suelos de mosaico, cerámica micénica, esfinges de terracota y la cabeza romana de la diosa de la fortuna.
No es tan famosa como su vecina Glauce pero, esta fuente tiene algo encantador que maravilla a quien se acerca hasta aquí, o al menos, eso fue lo que a mí me ocurrió. Conserva dos columnas y diversos restos de capiteles "corintios" y aún se puede escuchar el rumor del agua correr por las paredes de su interior.
Las ruinas de la Antigua Corinto me fascinan; fuentes, capiteles, el Ágora, el Templo de Apolo y un museo te trasladan a siglos antes de que naciera Jesucristo y te hacen vivir la experiencia de un mágico sueño. Si se viaja al Peloponeso es ideal para visita de medio día.
El canal de Corinto es digno de ver, este canal que separa el Peloponeso de la Península, permite que barcos de pequeño tonelaje naveguen del mar Adriático al Egeo. Es curioso de ver a 8 metros de altura como navegan los barcos.