Levantarse a las 5 de la mañana, cuando aún es de noche, para ver la larga hilera silenciosa de monjes que recorre todo Bago con su plato, es sobrecogedor. Y cómo les quieren las gentes, les dan comida y vuelven tranquilamente a sus casas, es también digno de ver. Y es que casi todos los niños son monjes alguna vez, pues así la familia les garantiza una educación y sustento.
Este templo de la ordenación se encuentra de camino hacia la pagoda Kyaik Pun, de color rojizo, parece salido de un cuento de hadas. No es tan espectacular como otros templos de Bago (es que en Bago hay tanto que ver!) pero va bien para tomarse un respiro.