Encontré esta iglesia la mar de coqueta, el exterior está muy bien conservado y la sombra que ofrecen los árboles que la rodean es un delicioso descanso en pleno mes de agosto.
La poca estructura que se conserva es suficiente para exclamar unos cuantos oh! de admiración, la altura de sus columnas, la blancura de su mármol, todo en él es maravilloso. Ahora sólo falta que los ingleses devuelvan los frisos y será espectacular.
Personalmente es el templo que más me gusta de la famosa Acrópolis. Sus cariátides aunque no sean las auténticas me resultaron fascinantes. Y a pesar de lo degradado que se encuentra las volutas de los capiteles me parecieron de los más hermosos que he visto hasta ahora.
No quedan más que en pie unas cuantas columnas de las 104 originales pero no por eso pierde un ápice de dignidad ni de auténtica belleza griega. Si encima lo visitáis con iluminación nocturna, caeréis inevitablemente en el enamoramiento perpetuo por este lugar.
A pesar de que es un edificio reconstruido en 1956, es magnífico porque uno puede imaginarse sin demasiado esfuerzo mental, el esplendor que debían tener estos edificios en plena época griega. Lo encuentro curioso e imponente.