Es una buena incursión en el arte moderno griego que también existe. Aquí se reúne una buena dosis de los artistas más representativos del siglo XX.
Personalmente me gustó más la ubicación del templo que el edificio en si. El verdor de los árboles y el sonido de las cigarras acompañan al viajero por toda Grecia, pero aquí se me hizo evidente.
Aún recuerdo la pateada de subida y la de bajada con los zapatos en la mano, pero valió la pena, las vistas desde la colina más alta de Atenas son increíbles. Recomiendo subir al atardecer, el ambiente es magnífico.
A pesar de ser un estadio lo encontré elegante, como si el uso de piedra y nada de materiales artificiales le diera una gracia particular que no tienen normalmente los estadios. La entrada era gratuita cuando yo estuve.
Lugar de visita obligada, aquí se encierran varías construcciones históricas. Magnífico descanso bajo las oliveras en pleno mes de agosto.