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Al igual que Volendam se trata de una visita obligada. Durante muchos años se mantuvo aislada lo que provocó que sus habitantes tengan incluso un dialecto propio (el Markens). De una belleza insuperable, esta aldea pescadora ha pasado a convertirse en un importante enclave turístico. La visita al Marken Museum ofrece una versión bastante detallada de la historia y del modo de vida en la isla.
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Uno acaba uniéndose al bullicio y animación de esta plaza donde de día y con niños se puede disfrutar de malabaristas, mimos, comedores de fuego o estatuas como en otras ciudades de Europa. Por la noche el ambiente lo proporcionan la cantidad de bares y cafés en pleno centro de la ciudad.
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He de decir que me decepcionó ver, como decenas de turistas octogenarios, reprendidos por sus mujeres al desviar las miradas en los escaparates, eran paseados por las callejuelas del barrio rojo, como si el "material" expuesto no contase de vida propia.
Es un poco macabro el concepto turístico de la zona, que no deja de ser el lugar donde se ejerce el oficio más antiguo del mundo y del que seguro muchas de las profesionales que allí se encuentran, no están en absoluto orgullosas.
A pesar de eso, supongo que no puedes ir a Amsterdam y pasar de largo por este barrio.