Un viaje a Egipto sin visitar Abu Simbel es un viaje incompleto. Este extraordinario templo de ricas pinturas, impresionantes dimensiones, delicadas estatuas e increíbles misterios fue salvado de las aguas en una obra de inmensas proporciones. Contemplarlo desde la terraza del barco al amanecer, descubrir el interior de sus salas e imaginárselo en tiempo de los faraones es una experiencia única.