Un lago natural en pleno centro de la ciudad es un lujo que pocas ciudades pueden disfrutar y menos que estén coronadas por monumentos tan maravillosos como la Shwedagon. Aunque esta circunvalada por carreteras de intenso tráfico en su interior se respira tranquilidad. Varias construcciones en las orillas completan la oferta como la réplica en hormigón de la barcaza real Karaweik. También hay restaurantes con terrazas que ofrecen una visión inmejorable del lago y la Shwedagon especialmente al atardecer.