Este restaurante es uno de los más conocidos de Seattle, especialmente por la comunidad treintañera. Cocina italo-americana, muy cuidada. Productos frescos y de confianza servidos con un exquisito servicio. La bodega, razonablemente amplia, ofrece sobre todo vinos americanos e italianos.
Los platos tienen una relación calidad-precio más que aceptable, aunque la bodega se sale de presupuesto. Para acompañar, recomiendo pedir una copa de vino y reservarse para el postre o la copa del final en el lounge para asistir a un espectáculo en directo.
El lugar es perfecto para cenar en pareja o con un reducido grupo de amigos. La decoración es magnífica y el emplazamiento ideal para salir de marcha.