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O de la Badia, también se le conoce. Construido a finales del s.XIX por orden de Si Moussa, gran visir del sultán, lleva el nombre de una de sus mujeres. Se visitan las diferentes salas de recepción, los patios, del harén, las habitaciones de las esposas. Todo bellamente decorado con sus techos de cedro tallado y pintados en colores naturales, sus azulejos multicolores siempre con los colores islámicos. Escenario para muchas películas, como muy bien nos recuerdan los guías.
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El barrio moderno de Marrakech es conocido por sus tiendas y cafés que evocan el carácter más occidentalizador de los gobernantes del país. Es la cara más moderna de la ciudad.
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Las calles aledañas a la plaza Djemma el Fna, laberínticas, son una increíble muestra de artesanía y vida y la mejor manera de conocer la ciudad y su cultura.
Las animadas calles están atestadas de toda clase de productos (cerámica, ropas de mil colores, sandalias y babuchas, alfombras, instrumentos musicales, antigüedades, especies...). Pasear sin rumbo por ellas es, junto con la plaza Djemaa, uno de los placeres de todo viaje a Marruecos. Recordad que es imprescindible regatear mucho y no preguntar un precio si no se está realmente interesado en el objeto.
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Más pequeño que el Café Glacier, está enfrente de la plaza de cara a los puestos de zumos de naranja. Sus vistas son más próximas. Lleno de turistas en las mesitas próximas a la barandilla.
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El más concurrido por su gran terraza sobre la gran plaza, el café tiene dos plantas y se domina completamente la plaza con su ir y venir de gente y el espectáculo natural que ofrece. Un café sale por un euro pero puedes estar el rato que quieras.