¿Brujas en la Paz? Haberlas haílas, como dirían los gallegos. Entre las calles Sagárnaga, Linares e Illampu gira la vida de cualquier viajero que llegue a la Paz. Pintoresco y colorido como ningún otro lugar, allí se podrá adquirir todo tipo de artesanía, ropa, recuerdos... Y todo a un precio muy reducido, al menos para el bolsillo de un europeo.
Un primer puesto con fetos disecados de llama da respuesta a la pregunta inicial. Las mujeres aimaras enseñan al visitante cómo hacer una petición a la Pachamama, la Madre Tierra. Verlo para creerlo.
Allí también está el Museo de la Coca, modesto pero instructivo. Nada se les escapa para rendir un homenaje a esa hoja milenaria y para recordar que fueron los blancos quienes hicieron de la coca una droga.