Bhaktapur es como un museo al aire libre, aunque vivo y en estado puro. Pasear por la calles adoquinadas repletas de templos, perderse sin rumbo sabiendo que terminarás en una gran plaza, delante de un templo magnífico o en medio de una ofrenda. Bhaktapur es magnífico, lleno de historia y de leyendas.
Patan se encuentra separada de Katmandú por el río Bagmati.
La herencia cultural de los newaris se deja ver en el durbar square (palacio real), los templos, las casas, los patios y sus puertas y ventanas de metal y madera cortada. Se respira una atmósfera muy relajante, puesto que el tráfico está prohibido en durbar square.
Para llegar, coger el bus local, 15Rs (pequeñas furgonetas) desde el Parque Tundikhel (lo encontraréis fácilmente preguntando a los pequeños minibuses que hay por todo el recorrido). No recomiendo hacerlo a pie por el excesivo tránsito, sólo respiraréis humo.
Es uno de los lugares sagrados budistas más antiguos de todo el Nepal y una maravilla. Llegar a la cima donde se encuentra la estupa, andando desde el centro de Katmandú es también empaparse del día a día de la ciudad.
Swayambunath es el lugar donde te sientes a gusto, en paz, y te vuelves loco haciendo fotos. Además, es interesante ver como budistas e hindúes comparten divinidades, mientras rezan y se mezclan sus oraciones.
En los alrededores del centro histórico o "durbar" y de la plaza Indra, los vendedores ambulantes venden casi de todo: mantas, saris, verduras, frutas, artículos de artesanía,... Están situados en cualquier lugar imaginable, a lo largo de las calles, delante de los templos, en las escaleras de los palacios,... Pasear por aquí y dejarse empapar del ambiente ajetreado es una de las mejores maneras de conocer la vida diaria de los nepalís, y en esencia de su cultura.
El durbar es el “complejo del palacio real”, que ha sido residencia de la familia real desde el 1600 hasta el 1900 y que cuenta con más de 50 palacios, varios templos y museos. Es el corazón de la ciudad antigua, repleto de construcciones newares donde predomina la madera minuciosamente tallada y decorada en ventanas, balcones y paneles de madera.
A los habitantes de Katmandú les encanta pasear, relajarse y charlas a la sombra de estos templos y pasear por ellos es volverte loco haciendo fotos. Una pena que no cierren el tráfico a los vehículos, que resta valor a esta maravilla.