La capital de las Highlands, es una ciudad bulliciosa. Sus calles llenas de gente, sus edificios, sus puentes sobre el rio Ness, sus pubs, restaurantes, y sus tiendas abiertas hasta la medianoche, hacen de esta ciudad un punto y aparte, no negativo, en la visita a Escocia. Lo mejor es intentar perderse por sus calles, y descubrir rincones que no esten abarrotados de gente. y si eso no es posible, siempre se puede entrar en uno de los muchos pubs que hay, y tomarse un whisky, mientras s se escucha un improvisado concierto de musicos locales.