Hubiese preferido conocer Innsbruck en invierno y haber pasado un fin de semana en un hotelito de lujo y esquiando, pero es lo que tiene la vida del viajero de interail, es dura la vida del viajero pobre o sea que llegamos para su festival y en verano. El lugar es increíble y todos esos personajillos vestidos de tiroleses hacían que pareciese que estuviésemos en un cuento o en un decorado.