Aunque ha sufrido un desarrollo turístico importante, sigue siendo un buen destino para los amantes del submarinismo y especialmente para apasionados de esta especialidad en cuevas. No hay que perderse la bahía de Media Luna, una de las más afamadas.
El Balankanché es una intrincada sucesión de cuevas que se unen y que atraviesan el subsuelo del bosque del Yucatán. Estas cuevas eran sagradas para la civilización Maya y todavía se puede ver en una de ellas un santuario casi en el mismo estado de conservación que en la época Maya. El final de la visita fue lo que más me impresionó, pero no desvelaré el secreto para los que vayan por primera vez.