Un viaje a Egipto sin visitar Abu Simbel es un viaje incompleto. Este extraordinario templo de ricas pinturas, impresionantes dimensiones, delicadas estatuas e increíbles misterios fue salvado de las aguas en una obra de inmensas proporciones. Contemplarlo desde la terraza del barco al amanecer, descubrir el interior de sus salas e imaginárselo en tiempo de los faraones es una experiencia única.
Ramses le dedicó a su esposa Nefertari este templo, fue la primera vez que un faraón obsequiaba así a su reina. Sí es más pequeño que el del faraón pero no más feo. Las pinturas del interior, la hermosura de su fachada, hacen de este templo una exquisita joya. Imposible perdérselo.
No es tan impresionante como el de las Pirámides de Giza pero su ubicación es excelente. A uno le parece que le hablan las piedras y si vuelve la mirada hacia atrás el paisaje del río Nilo le confirma que está viviendo un sueño.
Mágico evento que tiene lugar en el templo de Abu Simbel y donde se presenta un juego luminoso que merece la pena ser visto.