Este era el sitio favorito de Perón y de Eva -evoca Rodríguez- Y hoy es una muestra de lo que significaba San Vicente para ellos. El exterior de la casa está tal como cuando vivieron ellos, en 1947. En el 73, Perón le permitió a Isabel hacer algunas refacciones. Bastante se ha conservado después de todo lo que pasó esta casa
Se fue de Alemania muerto de hambre, con dos cosas: Un título de arquitecto y el recuerdo (eso que es el patrimonio mas luminoso y a la vez más oscuro de todo inmigrante). Bien guardados, los cuentos que su abuela o su madre le habrán contado: La leyenda del monjecito católico de Munich, ese que cuando la horda de protestantes entró al convento, fue sorprendido y no pudo escapar, como todos los demás. ¿Y que adónde está el oro y los cálices de plata? ¿Cómo podía saber eso un monjecito novatón?, El, sólo sabía magia, así que por respuesta, comenzó a hacer aparecer unos nabos de su manga derecha con los que hizo malabares y fue convidando a la horda. Muy rico, pero…luego de un rato de show y mordiscos, de nuevo la pregunta: Monjecito con sentencia de muerte coming soon, ¿Dónde está el j…oro?, hay monjecito, menos mal que tienes dos mangas, porque de la derecha, el monjecito saca unos jarrotes de cerveza al mejor estilo multiplicación de panes y reparte y reparte, y cuando ebrios, sus captores, se caen al suelo, recupera y salva al convento.
La tercera cosa que debe haber traído Andrés Kalnay, debe haber sido, junto con alguna que otra carta de recomendación, fue SUERTE. Porque consiguió edificar, a lo largo de la entonces prestigiosa Costanera Sur de Buenos Aires, una serie de edificios, hoy monumentales, a saber:
La abandonada instalación de la Cruz Roja, deberían verla, abandonada y todo, una joya.
La Confitería Munich (llena, y a eso viene el cuento del monje) de alusiones en estilo medieval a la leyenda en las columnas románicas, en las decenas de esculturas, en los vitrales impresionantes, en las baldosas del suelo, todo ello armonizado con trazos art-decó y algo de kitsch. UN LUGAR IMPERDIBLE, hoy Dirección Nacional de Museos.
La otra confitería, la que está a metros de Las Nereidas, hoy todavía funcionando.
La Munich tuvo su momento de gloria desde 1927 cuando inauguró. Era literalmente un templo del buen vivir. Frisos, bajorrelieves, pinturas, mosaicos, esculturas, todo homenajeaba a la tradición de festejar bebiendo, bailando, comiendo, escuchando música. Contaba con orquesta de señoritas, salones privados, miradores, terrazas, jardines, patios, aguas danzantes y prestigio, mucho prestigio. La crema de la comunidad alemana se reunía ahí.
Desde los 60, alias La Caída de Bruno Ganz, estuvo cedida en concesión a una banda de forajidos, ocupada, inundada, incendiada, invadida, tapiada, restaurada por un escuadrón de simios que quitaron un vitraux de 3 metros para reemplazarlo por una porquería-vitraux que representa un radar, pero a pesar de todo MILAGROSAMENTE preservada. Como si aquel monjecito, tan homenajeado, se hubiera ocupado de distraer con cerveza y nabos, a los concesionarios inescrupulosos, a los ocupantes, a los rapaces, al fuego, al río, al olvido, y a la misma muerte.
En la Costanera Sur, atrás de lo que se supone que es lo más lindo de Buenos Aires, y no lo es, Puerto Madero.
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Moderno edificio donde se recoge arte latinoamericano que va desde principios del siglo XX hasta la actualidad.
cuenta la historia de miramar