En mi caso era de los puntos de interés que más me llamaban la atención. Quería sentarme en la terminal, encender un cigarro y ver los ferries y barcos pasar. Eran tantas las historias que había oido y tantas las referencias literarias que nada más salir del hotel fue allí donde me dirigí. Lo recomiendo, espacialmente para los nostálgicos empedernidos.