Pequeño albergue con un toque auténtico de lo que yo llamo “decadencia veneciana”, no es ninguna maravilla pero como digo yo, tiene lo fundamental: toallas y sábanas limpias. El personal es muy amable. El desayuno básico: café, tostadas, mermelada y zumo. Si puedo recomendarlo posiblemente es por su magnífica ubicación y el precio. Está cerca de San Marcos y del “Bacino de Venecia”.