Imprescindible en un viaje a Egipto, el Valle de los Reyes, acoge más de 60 tumbas de faraones y a día de hoy se sigue excavando y descubriendo nuevas maravillas. No están todas las tumbas abiertas y es aconsejable ir con guía para que os explique qué estáis viendo y disfrutar aún más de este lugar. Hace muchísima calor y dentro de las tumbas la humedad es altísima, pero lo que verán vuestros ojos, fortalece el ánimo. Os lo recomiendo.
Es la tumba nº 8 del Valle de los Reyes, es una de las mejores, por sus inscripciones y textos de plegarias. Su faraón fue el cuarto de la dinastía XIX, hijo decimotercero del famoso Ramsés II. Destacan las imágenes del disco solar alado, imágenes del rey Merenptah acompañado de varias deidades: Osiris, Anubis, los cuatro hijos de Horus y sus cuatro diosas protectoras: Isis, Neftis, Neit y Serket. También aparece la diosa Maat alada y un techo, con el cielo cuajado de estrellas. A causa de que la tumba de Merenptah ha estado abierta desde la antigüedad en las paredes se pueden observar grafitos de diversas épocas y que indica la procedencia de los antiguos turistas que tuvo este lugar hace siglos. Su fama le precede.
Es la tumba nº 9 del Valle de los Reyes, y es otra de las tumbas que uno no debe perderse. También fue la tumba de su sobrino Ramsés V, el reinado de los dos faraones pasó sin pena ni gloria, pero dejaron una bellísima tumba para la posteridad. En sus paredes y techos se encuentra el texto completo del Libro de los Muertos y esto le da una importancia que no tienen otras tumbas. Los colores se conservan magníficamente.
Su minarete destaca desde la cubierta de la motonave que cruza el río Nilo. En medio de las construcciones egipcias, antes de cruzar el primer pilono del Templo de Luxor, uno ya puede escuchar la llamada del muecín, en una mezcla surrealista de pasado y presente. Tristemente ubicada sobre los restos de un antiguo templo egipcio ya hundido, da una nota exótica al complejo.